sábado, 6 de diciembre de 2025

Se agota la esperanza en Francisco II

     ¿Qué diferencia hay entre Francisco I y el que le sucede? Pues que el segundo es más educado. Aparte de eso no veo gran motivo para preferirlo a su antecesor.
     Robert Prevost recibió de Dios la gracia de nacer en una familia católica, parece que notablemente católica, estudiar en centros católicos cuando aún no se habían caído por el precipicio postconciliar y criarse en una sociedad que no había alcanzado la degradación moral en que se halla. En esas condiciones, y seguro que sobre la base de una buena disposición natural, salió un chico modosito, correcto en el hablar y el vestir; ahora, de Vicario de Cristo, no insulta a nadie y se pone los ornamentos que corresponden.


     Es bueno que el titular de un cargo tenga los modales que requiere; es bueno que todos tengamos lo que antes se llamaba urbanidad. Pero si he de elegir entre el fondo y la forma me quedo con que un papa ponga todo su énfasis en cumplir el encargo de Cristo: «confirmar a los hermanos en la fe»; y por ahí flaquea el presente pontificado.
     En su primera entrevista –mejor que no concediese ninguna, ni rueda de prensa- dijo que lo más fundamental de su misión es confirmar a los hermanos en la fe –totalmente de acuerdo- a la vez que emitió ambigüedades como: «Yo, por el momento, no tengo la intención de cambiar la enseñanza de la Iglesia sobre el tema.» referente a la ordenación de mujeres, o «Me parece muy improbable, ciertamente en un futuro cercano, que la doctrina de la Iglesia cambie en términos de lo que enseña sobre la sexualidad y el matrimonio.» ¿Cómo se puede confirmar en la fe condicionando la doctrina a su vigencia por el momento o a la improbabilidad de cambios en un futuro cercano? Ese tipo de expresiones dejan abierta la posibilidad de cambios futuros, es decir, que la doctrina que viene sustentando la Iglesia desde sus inicios puede ser falsa. Ese es el tipo de grietas que buscan explotar los enemigos de la buena doctrina. ¿Se imagina alguien a Pío XII diciendo «por el momento, declaramos que la Virgen María fue asunta al Cielo en cuerpo y alma»? ¿Al concilio de Éfeso diciendo que ve «improbable que María no sea Madre de Dios»?
     He visto una argumentación, basada en lógica matemática, de que el Papa con «por el momento» y «muy improbable» no está diciendo «en el futuro sí» ni «seguro que cambiará». Divertido intento, pero inútil. Lo que debe decir un católico, y más uno que tiene que confirmar a los hermanos en la fe es: «la imposibilidad de ordenar mujeres es doctrina definitiva» y «la doctrina de la Iglesia sobre sexualidad y matrimonio es inmutable por estar basada sólidamente en la Escritura y la Tradición».
     No tengo más responsabilidad en orientar doctrinalmente a los demás que la del simple bautizado, pero si me preguntan por algún tema de dogma o moral, y conozco bien la doctrina al respecto, me expreso en términos terminantes, por así decirlo. Nunca se me ha pasado por la cabeza añadir «pero quizás en el futuro cambie, aunque yo no soy partidario».
     Algunos se esfuerzan por ver con buenos ojos cuanto dice y hace el actual Papa, al menos por comparación con el predecesor, y en todo ven que el actual pontífice es católico y el anterior no lo era. Admito sin la menor reserva que el actual es más católico que el anterior –casi todos lo somos- y eso no me basta. El grueso de lo que hizo mal el primer Francisco lo continúa el actual en lo doctrinal y en lo disciplinar, y ¿qué decir de los nombramientos?
     «Amoris Laetitia», ese documento pseudomagisterial que promociona el adulterio y el sacrilegio no le ha merecido la menor corrección. ¿Confirma el Papa reinante nuestra fe en la indisolubilidad del matrimonio, la necesidad de propósito de la enmienda para confesar y de no tener conciencia de pecado mortal ni hallarse en pública oposición a la doctrina de la Iglesia para comulgar? No lo he visto por ninguna parte. Lo más parecido, echándole buena voluntad, es que ha pedido no manipular los procesos matrimoniales por una falsa misericordia; pero no anula la reforma que el primer Francisco hizo de tales procesos eliminando cualquier garantía de seriedad.
     Ha confirmado explícitamente «Fiducia Supplicans», con sus bendiciones que invocan en vano el nombre de Dios sobre uniones indignas, al rechazar que tales bendiciones sean ritualizadas, pseudolitúrgicas; justo, justito lo que dice esa basura de declaración. El actual Papa no se aparta ni en una coma de «Fiducia Supplicans».
     El Santo Padre sigue con el climatismo y cuestiones asociadas, incluida la ridícula bendición de un bloque de hielo, como si fuesen parte del depósito de la fe; hasta ha buscado una forma algo retorcida de asociar la resurrección de Cristo al ecologismo integral y cuantos dogmas paganos le acompañan. Esas cosas pseudocientíficas, que además forman parte de luchas de poder político y económico, no son parte de la fe católica ni de la misión que Cristo confió a la Iglesia. Da lo mismo que lo diga Francisco que su sucesor. Si el clima cambia o no, si la causa del cambio o no cambio es una u otra y si es mejor combatir un eventual cambio o adaptarse a él son cosas sobre las que Jesucristo nada dijo y sobre las que nada tienen que decir sus vicarios.
     En el climatismo el Papa sigue esclavo de las modas ideológicas y políticas que nos quieren manipular y a él le manipulan claramente. Parece haberse despegado un poco de ellas hablando del derecho de los estados a decidir sobre la entrada o no de inmigrantes. Algo es algo.
     El actual Papa habló un poco contra la idolatría –de forma un tanto genérica, pero vale- en lo que podría tomarse como un rechazo al culto de Pachamama tan practicado en el Vaticano durante el anterior pontificado. Mejor sería una condena explícita y un desagravio por la procesión con Pachamama por algunas estancias vaticanas y el acto de adoración que se le hizo en los jardines. De paso también habría que sancionar canónicamente a los obispos y religiosos que incurrieron en idolatría. Eso sí que sería mostrarse firme en la fe, fiel a la revelación del Verbo Encarnado, confirmador de la fe de los que rechazan la idolatría.
     Si en materia doctrinal lo que ha arreglado es insignificante en comparación con lo que sigue dejando pasar, la nota doctrinal «Mater Populi Fidelis» es otro paso más de la degeneración doctrinal vaticana. Elaborada la nota doctrinal por Víctor Manuel Fernández ¡gran irresponsabilidad mantenerlo al frente del Dicasterio para la Doctrina de la Fe!, o sus cómplices, y con la no menos desacertada aprobación pontificia, ataca el título de Corredentora. Bueno, después el Cardenal ha explicado que el título no se usará en textos oficiales vaticanos y que esa prohibición es temporal, si bien puede usarse privadamente. ¿En qué quedamos? ¿La Virgen ha colaborado de una manera muy particular en la redención, hasta el punto de que tiene algún sentido católico llamarla Corredentora, o no? Si el título de Corredentora tiene algo de malo, por lo que no se puede usar en documentos oficiales, decir a los fieles que lo pueden usar privadamente no es confirmarlos en la fe, es llevarlos al error. ¿Sería confirmar en la fe decir que Pachamama no puede usarse en documentos oficiales aunque puede dársele culto privado? En fin, cuando pienso en ese célebre «confirmar a los hermanos en la fe» pienso en otra cosa, no en lo que nos ofrece este documento ni este pontificado en general.
     La degeneración doctrinal corre pareja de la intelectual, pues el curioso argumento de la Nota para vetar Corredentora se podría aplicar a cualquier otra cosa: «Cuando una expresión requiere muchas y constantes explicaciones, para evitar que se desvíe de un significado correcto, no presta un servicio a la fe del Pueblo de Dios y se vuelve inconveniente.» Veamos cosas que requieren explicación, incluso mucha explicación:
- María es Madre de Dios. ¡Uy, una criatura madre del Creador! Eso requiere explicación y hasta algún concilio. ¡Suprímase!
- Jesús es Dios. Requiere explicación, al menos Arrio la necesitaba y parece no haber llegado a entenderla bien. Esto de la Cristología también ha necesitado concilios. ¡Suprímase!
- Dios es Uno y Trino. ¡Qué lío! ¡Fuera, fuera, suprímase!
     La fe, además de un don de Dios, es algo en que la Iglesia debe instruir a sus fieles; para eso está la Iglesia docente, para eso está la buena catequesis, para eso han hecho un santo trabajo intelectual los grandes teólogos, hasta el advenimiento del pornoteólogo que nos ilumina con el descubrimiento de que lo que necesita muchas explicaciones hace daño.
     En el actual pontificado continúan en el Vaticano los individuos más infectos del anterior, desde los abortistas de la Pontificia Academia para la Vida al homosexualista James Martin, pasando por el ya mencionado Víctor Manuel Fernández. Sumémosle algunos nombramientos desafortunadas de obispos y hasta poner al frente de la Insigne Academia Pontificia de Bellas Artes y Letras de los Virtuosos en el Panteón ¡toma nombrecito! a una señora que ha sido comisaria de exposiciones escandalosas como:
- «Night Fever: Designing Club Culture 1960–Today» sobre los clubes nocturnos como espacios de liberación sexual y autoexpresión, destacando su relevancia LGBTXYZ.
- «Nudes» con 90 fotografías de órganos sexuales, poses homoeróticas y prácticas sadomasoquistas.
- «Cult Fiction» carteles de películas pornográficas y la liberación sexual –negación del Sexto Mandamiento- como tema central.
     Aconsejo al Santo Padre que la siguiente presidenta de esa Insigne Academia la saque de cualquier burdel, seguramente en tales establecimientos hay personas más aceptables desde una perspectiva católica, al menos con menos querencia hacia lo homosexual. Y, por favor, que nadie salga con la disculpa de que el Papa no conocía a la que nombró y le aconsejaron mal; el Papa puede acceder a internet e informarse antes de firmar un nombramiento. Si no hace este tipo de comprobaciones que empiece a hacerlas de inmediato antes de firmar nuevos nombramientos.
     Continúa la intervención arbitraria de órdenes religiosas, asociaciones de fieles y similares; intervenciones sin explicaciones de por qué, para qué y hasta cuándo. Arreglar todos los líos de tipo canónico que montó el antecesor excede el tiempo que lleva el actual Papa en el cargo, pero ordenar que en todos los casos se comuniquen, claramente y con verdad, los motivos de la intervención, las acusaciones concretas y poner fin a muchas de las incertidumbres como existen al respecto se hace en un momento.
     En lo litúrgico el actual Papa es mejor que el antecesor, fácil lo tenía, y hasta ha celebrado públicamente «ad orientem», si bien ha mostrado poca capacidad para entender la situación desastrosa en que se halla el Rito romano. Destaca su absoluta incomprensión sobre las diferencias entre las dos formas del Rito romano y los motivos que puedan tener los que prefieren la forma tradicional: ha llegado a decir que los que quieran asistir a misa en latín pueden asistir a la de Pablo VI celebrada en esa lengua. No parece haberse enterado de la diferencia de profundidad doctrinal entre ambas formas –tendría que familiarizarse con el misal tradicional-, ni siquiera de la diferente reverencia de toda la disposición general y gestos de cada modo de celebrar la Santa Misa, pese a que se nota al primer golpe de vista.
     Mantiene el absurdo de «Traditionis custodes», autoriza alguna celebración tradicional en San Pedro del Vaticano y deja que se prohíban muchas en diócesis de Estados Unidos. Dice que hablará con partidarios y críticos de la forma litúrgica anterior a Pablo VI. Recemos para que oyéndolos se le aclaren las ideas, que se entere de algo en relación a la liturgia.
     Todos necesitamos conversión, cada uno de nosotros que progresa por el buen camino beneficia a los vivos y alegra a los santos, lo que no quita que algunas conversiones sean mucho más beneficiosas que otras para la Iglesia, como lo sería la de Francisco II en León XIV. ¡Así Dios lo quiera y el Papa acoja esa gracia!

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