miércoles, 1 de julio de 2026

Cisma

     En la Iglesia lo constitutivo está por encima de lo canónico en una medida mucho mayor de lo que pueden estar las constituciones de los estados sobre el resto de las leyes. Los estados existen antes que sus constituciones y la prioridad de unas normas sobre otras es asunto meramente convencional, aunque sea muy racional y razonable. En cambio lo constitutivo de la Iglesia, lo que Cristo estableció, es lo que hace que exista la Iglesia y las normas canónicas únicamente son obra humana que puede facilitar la buena marcha de la Iglesia, pero ni la hacen ni la deshacen.
     Jesucristo constituyó la Iglesia como sociedad visible con estructura vinculada al Orden y perduración hasta el fin de los tiempos, algo que ninguna constitución estatal puede garantizar mientras que en la Iglesia es cosa segura; el que tiene poder para ello la ha constituido perdurable y asunto concluido. De la vinculación al Orden y la perduración se concluye que la Iglesia tiene el deber, el derecho, la necesidad de ordenar obispos. Es algo constitutivo, no canónico; lo único que puede ser canónico es la regulación prudencial de tales ordenaciones. Los Once entendieron perfectamente esta necesidad constitutiva de ordenar obispos cuando buscaron sustituto para Judas Iscariote.
     Las premisas dan lugar a conclusiones y, con frecuencia, se puede deducir las premisas utilizadas a partir de las conclusiones. No es raro que existan premisas implícitas de las que no es consciente el que extrae las conclusiones y sí lo es el que examina críticamente de donde pudieron salir esas conclusiones. Un ejemplo sacado de las Matemáticas: hubo matemáticos que usaron en sus demostraciones lo que ahora se llama Axioma de Elección sin darse cuenta de lo que estaban haciendo, hasta que uno más sutil lo vio y enunció explícitamente ese axioma.
     Toda sociedad visible, organizada, que autoproclama su perdurabilidad en torno al Orden y la consiguiente necesidad y derecho a ordenar obispos está proclamando que es la iglesia que fundó Cristo. Poco importa si dice que esa perduración y derecho salieron directamente de los labios del Señor como si los atribuye a necesidad ineludible para la salvación de las almas –ardiente deseo de Cristo-, necesidad que solamente esa sociedad puede cubrir. Pero hay más. Dado que Cristo solamente fundó una iglesia está proclamando que es la única iglesia fundada por Cristo, la única legítima, y todas las demás que se reclaman iglesias fundadas por Cristo no son más que cismas, sectas o cosa peor. Y esto es así tanto si la sociedad en cuestión, sus propagandistas y partidarios son conscientes de estar aplicando estos principios como si no; están implícitos.
     No tiene ninguna consistencia el reducir las ordenaciones episcopales con oposición expresa de León XIV a una cuestión de derecho canónico, a cuestiones leguleyas sobre estado de necesidad, valor de las excomuniones, posibles precedentes o inconsistencia en la conducta por parte de los últimos papas. Podemos obtener dictámenes de canonistas en cualquier sentido que pidamos, como ocurre también en las cuestiones jurídicas de los estados y en cualquier juicio en que cada parte trata de argumentar a su favor saltándose la verdad y la lógica cuanto haga falta. El asunto es previo a toda norma canónica, radica en la misma fundación de la Iglesia por Jesucristo.
     Ante la multiplicidad de sociedades que se autoproclaman, explícita o implícitamente, la Iglesia fundada por Cristo, los que ven posible que dos de esas sociedades sean legítimas en sus pretensiones y los que quieren pertenecer simultáneamente a dos o más de estas sociedades, se hallan en un estado difícil de calificar respetando caridad y cortesía. Debieran decidirse, en conciencia, como siempre y en todo, por la que crean verdadera y apartarse totalmente de las demás. Por mi parte tengo claro que la Iglesia Católica Apostólica Romana, que ahora preside León XIV, es la forma actual de la Iglesia fundada por Cristo, con plena continuidad histórica, pese a lo lamentable de muchos de sus aspectos en los tiempos presentes.

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