miércoles, 16 de septiembre de 2026

A vueltas con el cisma lefebriano

     Los de la Fraternidad de San Pío X tienen defensores acérrimos y quienes los atacan por cismáticos. Algunas defensas son marcadamente canónicas, pienso que casi de leguleyos canónicos; combinan una serie de preceptos y con eso ya resulta que únicamente hubo una pequeña desobediencia, no peor que la del sacerdote que celebra misa sin casulla, y pelillos a la mar. A continuación llega otro invocando el estado de necesidad y ya ni desobediencia ni nada; está muy bien el ordenar obispos sin consentimiento pontificio y todavía mejor si se hace contra su prohibición.
     Cada vez que encuentro argumentaciones complicadas, como alguna que he visto para justificar la ordenación de obispos sin autorización pontificia, me acuerdo del episodio del «corbán» en Mt 15,3-6 y Mc 7,9-13. Los canonistas de entonces, doctores de la Ley los llamaban, retorciendo normas y más normas llegaban a un resultado contrario a la Ley de Dios. Eran más atrevidos que los actuales retorcedores de cánones que solamente se atreven a contradecir las normas de la Iglesia.
     Un cisma pertenece al orden de las cosas reales, como el día y la noche, y ningún razonamiento o combinación de normas puede alterar la realidad. Por el día tenemos luz solar y de noche no, y el atribuir a una sociedad distinta de la Iglesia Católica Apostólica Romana las características y facultadas que Cristo dio a su Iglesia es cisma. Incluso si no existiese derecho canónico, situación que se dio en los primeros días de la Iglesia, podría darse un cisma. También podrían darse herejías, usurpaciones, sacrilegios y pecados de todo tipo: el derecho canónico no crea la realidad.
     A propósito de la realidad conviene aclarar que no hay nada más real que Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, ni nada que nos oriente mejor en lo real que su revelación y el atenernos a su voluntad. El que dude de lo anterior puede ver lo fuera de la realidad que las ideologías actuales, esencialmente despectivas de Dios, llevan a los que se dejan devorar por ellas; el gran premio a la irrealidad quizás se lo lleve la ideología de género. También existen irrealidades eclesiales por ideologías endógenas o exógenas que ponen el énfasis en lo que no es lo importante o incluso es contrario a la voluntad de Dios.
     En la Iglesia Católica Apostólica Romana hay multitud de entidades que se reconocen parte y no todo, que no se atribuyen las propiedades y facultades que corresponden a la Iglesia fundada por Cristo. La Orden de Predicadores, la diócesis de León, la Archicofradía del Corazón de María, la Hermandad Sacerdotal de San Pedro y la parroquia a la que pertenezco carecen de la pretensión de tener que perpetuarse; no afirman que su desaparición sería el fin de la Iglesia, ni un daño irreparable para la salvación de las almas ni se consideran facultadas para ordenar obispos al margen de las normas y autoridades de la Iglesia Romana.
     Sin embargo la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X afirma, a la vez, ser parte de la Iglesia y tener la necesidad de perpetuación de toda la Iglesia y las facultades para perpetuarse ordenando obispos. Declara ser a la vez parte y todo; algo de dudosa lógica y clara pretensión cismática. A partir de ahí empiezan los razonamientos y disculpas para que nos traguemos que la parte puede hacer lo que el todo, que son la parte pura de una iglesia de lo más impura, que la Iglesia Romana ha perdido su legitimidad aunque –inexplicablemente- están empeñados en hacernos creer que son parte de esa cosa ilegítima…
     Me ha llegado un folleto que defiende a la Fraternidad y cuanto ha hecho, hace y hará; uno de tantos alegatos en su favor. No menos de tres mil palabras para justificar que la Fraternidad no es cismática ni cosa parecida. ¿Hacen falta tres mil palabras para justificar que el Arzobispado de Oviedo no es cismático? ¿o que las Misioneras de la Caridad fundadas por Santa Teresa de Calcuta están en comunión con la ICAR? Los intentos de justificación de lo hecho por la Fraternidad requieren muchas palabras porque es injustificable dentro de la Iglesia fundada por Cristo. Hacen falta muchas palabras para conseguir que nos olvidemos de la realidad y quede sustituida en nuestra mente por las obsesiones de los lefebrianos.
     El folleto empieza afirmando las buenísimas intenciones que animaron la fundación de la Fraternidad y las aviesas intenciones con que se fundaron otros institutos ligados a la liturgia romana tradicional, los llamados institutos «Ecclesia Dei». Los que no somos forofos de la Fraternidad podemos interpretar las cosas al revés: los institutos «Ecclesia Dei» se fundaron porque las ordenaciones episcopales ilícitas de 1988 evidenciaron que los miembros y seguidores de la Fraternidad de San Pío X estaba dispuesta a llegar al cisma; ante ese panorama los que no se dejaron cegar con justificaciones especiosas, querían seguir siendo católicos y mantener la liturgia tradicional tuvieron el acierto de crear otros institutos. ¡Dios se lo premie!
     Sigue una condena de los errores del Concilio Vaticano II sin incluir la mínima matización en esos eventuales errores, si bien reconoce que dicho concilio no pretendió dar definiciones dogmáticas. También dice que muchos han intentado convertir ese concilio en un superdogma; estoy de acuerdo en que lo intentan, si bien yo soy de los que relativizan bastante ese concilio; más dado a pensar que se desposó con los años sesenta y se ha quedado viudo hace tiempo, igual que tantos clérigos que Dios todavía no se ha llevado aunque la biología nos librará pronto de ellos.
     El folleto empieza a justificar la ordenación ilícita de obispos tratando de que nos compadezcamos de los dos obispos, ya tirando a viejos, que tenía la Fraternidad hasta el pasado julio por el mucho trabajo que tienen de ordenaciones y confirmaciones. Nadie les obliga a tanto trabajo. En la ICAR hay más de cuatro mil varones con el orden episcopal ¿no habrá entre ellos cien o doscientos dispuestos a confirmar a las personas con querencias hacia la Fraternidad? Si mantuviesen regularidad canónica dentro de la Iglesia Católica, en vez de ordenar obispos ilícitamente, ¿no habría obispos dispuestos a colaborar con ellos en las cosas para las que se necesita un obispo? Desde el principio, desde su fundador, los de la Fraternidad se han considerado algo aparte de la Iglesia Católica, únicos e irreemplazables; fuera de la Fraternidad nada vale, nadie es digno de confianza; con tendencia a segregar los seguidores de la Fraternidad de los fieles de la Iglesia Romana. Algunos llegan a decir que los fieles de la Fraternidad que si no pueden asistir a misa dominical celebrada por uno de sus sacerdotes, mejor que no vayan a misa. Concluir en cisma es lo más lógico desarrollando esas líneas de pensamiento y acción.
     La denegación práctica, mediante retraso indefinido, de autorización pontificia para ordenar nuevos obispos de la Fraternidad es interpretada por el folleto como persecución diabólica. Puede ser eso o puede ser que, vista la deriva de separación, en el Vaticano no quieran alimentar a un adversario. Si un patriarca ortodoxo, en una especie de enajenación mental transitoria, pidiese permiso a León XIV para ordenar obispos ¿qué sentido tendría darle tal autorización a quien no quiere estar en comunión, sino que lleva siglos siguiendo su camino? La Fraternidad lleva décadas actuando a su albedrío y el Papa puede pensar: «Van por un camino distinto a la Iglesia Romana, no voy a darles facilidades para recorrerlo; lo que hagan sea bajo su responsabilidad y ya darán cuentas a Dios.»
     El autor del folleto está de acuerdo en que para la ICAR los obispos consagrantes y consagrados del pasado primero de julio incurrieron en excomunión (más adelante niega valor a esas excomuniones), si bien niega que esas ordenaciones hayan consumado un cisma y que estén excomulgados los sacerdotes y fieles de la Fraternidad. ¿Estas ordenaciones ilícitas consuman un cisma o son una mera desobediencia? El cisma es algo que la FSSPX lleva cultivando mucho tiempo y estas ordenaciones son una manifestación deliberada e intencionadamente espectacular que despeja cualquier duda. Una asociación que se organiza al margen de la ICAR, provisión de obispos incluida, actúa en cuanto le da la gana al margen del orden jerárquico y jurisdiccional de la ICAR, procura que sus fieles no se contaminen con el culto y administración de sacramentos que se da en la ICAR… ¿era realmente necesario ordenar obispos para estar en cisma o ya lo estaban de antes? La cuestión de si los sacerdotes y fieles de la Fraternidad están formalmente excomulgados o no ¿qué importa? Están fuera de la Iglesia Romana por voluntad propia, no veo qué puede importarles a ellos ni a mí esa excomunión formal. Ortodoxos, protestantes y similares están fuera de manera semejante a los de la FSSPX ¿le quita el sueño a alguien si están excomulgados o no? Están fuera y eso es lo importante, eso basta.
     Naturalmente, no podía faltar en una defensa de la Fraternidad el célebre estado de necesidad que todo justifica. A este respecto podría decirse que el estado de necesidad es casi el estado natural en la Iglesia fundada por Cristo: entre herejías, cismas, pésimos jerarcas, sacerdotes lamentables y hasta traidores, persecuciones abiertas y enfrentamientos menos abiertos con los poderes temporales la Iglesia siempre ha estado en situaciones bastante precarias, de bastante necesidad; si añadimos que los miembros de la Iglesia militante somo pecadores la situación es alarmante en todo tiempo y lugar. ¿Estamos ahora peor que en la crisis arriana? ¿peor que en la rebelión protestante? Lo dudo. De todos modos es la protección de Dios la que permite salir a su Iglesia de tales apuros y no grupos de iluminados que se creen escogidos por su especial pureza.
     Si los de la Fraternidad leyesen algo sobre el profeta Elías en 1 Re 19,14-18 verían que ni la situación actual es tan extraordinaria ni ellos son tan especiales como se creen. El profeta empieza creyéndose el único fiel a Dios y acaba informado por el mismo Dios que son siete mil los que no han doblado la rodilla ante Baal. En la ICAR hay más de cuatro mil obispos y unos cuatrocientos mil presbíteros ¿no habrá entre ellos siete mil que no hayan doblado la rodilla ante los ídolos actuales? ¿Realmente lo que nos pasa ahora es tan nuevo, tan extraordinario y necesitado de crear una nueva iglesia?
     Todas las generaciones tienden a pensar que lo que les pasa es extraordinario, sus problemas son mucho mayores que los que padecieron sus antepasados; incluso cada uno de nosotros tiende a pensar que lo suyo es muy especial. No es solamente que falte perspectiva, es que todos somos muy nuestros y yo y lo mío es el centro del mundo y de la historia, sin que para ello sea necesario ser especialmente egocéntrico ni poco entendido en las cosas de Dios. La más popular de las santas españolas, por añadidura reconocida como doctora de la Iglesia, decía: «Vivimos tiempos recios.» ¡Qué dices, Teresa! ¿Malos tiempos para los fieles a Cristo en el Reino de Castilla a mediados del siglo XVI? Sospecho que a la mayoría de los partidarios de la Fraternidad aquellos tiempos les parecerían paradisiacos en lo religioso, pero una persona muy cualificada que los vivió opinaba lo contrario.
     Si me encuentro en medio de confusiones doctrinales, disciplinares y litúrgicas, sin mirar más lejos en el espacio ni en el tiempo, pensaré que no hay más que eso que veo a mi alrededor, me encerraré en mi visión limitada y en mi solución limitada: yo y mis amigos somos la solución. No olvidemos que la Fraternidad es producto de la decadencia de la Iglesia en el Occidente católico, obra de personas que no ven más que ruina eclesial a su alrededor. ¿Se han molestado en mirar un poco más lejos? No han mirado al grueso de los católicos de África: rechazo masivo del episcopado a «Fiducia supplicans», seminarios llenos y mártires en varios países, especialmente en Nigeria. Sí, la Iglesia Católica Apostólica Romana está desapareciendo en numerosos países envuelta en toda clase de confusiones doctrinales, disparates litúrgicos, inmoralidades, etc. pero el Señor nunca dijo que su Iglesia perduraría en una determinada parte del mundo, que los países una vez católicos lo serían para siempre. La Iglesia que estuvo centrada en la cuenca del Mediterráneo, luego en Europa occidental, después en ese concepto más amplio y difuso que llamamos Occidente, en el futuro podría tener su centro en África sin que ello le quite un ápice de legitimidad ni autorice a nadie a montarse su Fraternidad cismática.
     Que el Papa no haya ni confirmado ni rechazado la «Declaración de fe católica» formulada por la FSSPX nada justifica ¿Desde cuándo el Papa tiene que estudiarse y calificar cada escrito que le presenten? El anterior, Francisco no respondió a las «dubia» que le presentaron cuatro cardenales y no le chantajearon con un «o nos das la razón o montamos otra iglesia», aunque sobraba justificación para formular aquellas preguntas en el obrar del mismo Francisco y creo que obró mal al no responder. No confundamos confesar la fe, cosa que han hecho heroicamente muchos mártires, y sin llegar a tanto otras muchas personas que viven en ambientes hostiles, con un chantaje del tipo «o nos das la razón en nuestro escrito y además nos permites ordenar obispos o si no nos das la razón los ordenamos igual». Aquellos cuatro cardenales eran –Dios tenga en su gloria a los dos ya fallecidos- auténticos hijos de la Iglesia fundada por Cristo, los de la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X no están en el único rebaño del único pastor.
     La tal declaración de fe católica tiene 1120 palabras en su versión española y viene a ser una especie de credo aunque no de los tradicionales, sino dedicado a las cuestiones que más interesan a la Fraternidad. Fue presentado el 14 de mayo de 2026, 48 días antes de las ordenaciones episcopales ilegítimas. Suponiendo que León XIV quisiese aprobar o corregir esa declaración ¿tendría que hacer todo el estudio, poner a trabajar a sus teólogos y comprometer el magisterio pontificio en 48 días? Los documentos doctrinales suelen tener una gestación más larga; el célebre «Syllabus» del Beato Pío IX, que seguramente entusiasmará a los lefebrianos, sufrió un proceso de años de idas y vueltas, dudas y avances; Pío IX no se pronunció en 48 días. Esa declaración de fe católica de la Fraternidad no fue más que otra coartada y otro trágala contra el Papa.
     Según el folleto la Fraternidad no declara, por su propia autoridad, la existencia de estado de necesidad en al Iglesia, sino que la evidencia de tal estado viene de las mismas palabras de Cristo en el Evangelio de San Juan: «Porque todo el que obra el mal, aborrece la luz, y no viene a la luz, para que no sean puestas en descubierto sus obras.» Esta explicación excede mi capacidad intelectual, la encuentro un tanto esotérica. Veo palabras muy genéricas, aplicables en todo momento a cualquier pecador, incluido yo, y que nada dicen sobre la mejor o peor marcha de la Iglesia como tal. Esas palabras se escribieron hace más de 1900 años, se supone que los evangelios sirven para todos los tiempos ¿significan que la Iglesia fundada por Cristo lleva más de 1900 años en estado de necesidad y no nos habíamos dado cuenta? Ya dije más arriba que lo habitual en la Iglesia fundada por Cristo es hallarse en situaciones bastante precarias, de bastante necesidad; pero de eso a un estado de necesidad que autoriza a proclamar el «sálvese el que pueda» de un naufragio…
     A la hora de hablar de la licitud y validez de cosas como el cumplimiento del precepto dominical, la absolución sacramental y la forma canónica de los matrimonios celebrados por sacerdotes de la Fraternidad, además de la genérica invocación del estado de necesidad, el folleto alega los permisos dados por el papa Francisco que solamente otro papa puede derogar. Cuando uno se va fuera de la ICAR, se va, y no puede alegar permisos que fueron dados en estado de comunión eclesial –quizás de no muy buena fe, pero formalmente la había- ni recibir jurisdicción de una Iglesia cuya autoridad no se reconoce. Inadmisible esta actitud del tipo: si me dan un permiso lo cojo y no lo suelto, si me niegan otro no hago caso y ordeno obispos. Me viene a la memoria el proceder de los reyes ingleses: cuando Enrique VIII escribió un libro en defensa de la fe católica el papa León X le dio el título de «Fidei defensor»; cismáticos él y la mayoría de sus sucesores reciclaron el título a la vez que negaban la autoridad que lo concedió en origen.
     En fin, si los de la Fraternidad, sacerdotes y seguidores, quieren arriesgarse a montones de absoluciones nulas y matrimonios nulos, problema de ellos. Quizás en el caso de los matrimonios los salve la práctica multisecular de la Iglesia Católica Apostólica Romana de considerar válidos los matrimonios contraídos en el seno de cismas al entender que, estando fuera de la Iglesia, la misma no tiene jurisdicción sobre ellos y, por tanto, no les obliga la forma canónica del matrimonio.
     Sigue el folleto dándole vueltas al estado de necesidad para justificarlo todo, siempre en favor de la Fraternidad, e introduce la noción de «cisma perfecto». De la lectura del folleto se deduce que la única forma en que la Fraternidad llegaría al cisma perfecto sería diciendo: «Sí, somos cismático, hemos creado una comunidad cismática y a mucha honra». No espero que eso ocurra pues, que yo sepa, los cismáticos acostumbran a decir que ellos son la verdadera iglesia, que han restablecido la iglesia en su pureza original, los que siguen fielmente a Cristo, los que mantienen y hasta restauran la verdadera fe; si les apuramos mucho dirán que los cismáticos son los que han quedado en la ICAR. No veo gran diferencia entre lo que dice la Fraternidad y la generalidad de los cismáticos.
     Para justificar la desobediencia de la Fraternidad el folleto tergiversa el «incidente de Antioquía». Las diferencias entre San Pedro y San Pablo podían ser doctrinales o disciplinares, pero en ningún momento San Pablo le planteó a San Pedro un «o me dejas hacer lo que quiero o lo voy a hacer de todas formas». No confundamos tener diferencias, incluso de importancia, con presentar un trágala.
     Según el folleto el estado de necesidad es tan grande que la Fraternidad no solamente tiene derecho a ordenar obispos por mucho que se le pueda prohibir, sino que el no ordenarlos ¡sería pecado! «estaría cometiendo un grave pecado de omisión contra la caridad». Esto me desborda. Resulta que los obispos lefebrianos de 1988 podrían ir al Infierno por no ordenar más obispos en contra de la prohibición de la ICAR. ¡Que cosas! Como ya he mencionado hay más de cuatro mil obispos en la Iglesia católica, un cierto número con simpatías por la Fraternidad, no hay el menor peligro de que se pierda la sucesión apostólica en la ICAR, pero sería pecado mortal que esa sucesión se perdiese en la Fraternidad. No veo necesidad de muchas más razones para decir que la FSSPX se ve a sí misma como algo ajeno a la Iglesia Católica, como algo que no participa de su estructura sacramental, como algo cismático aunque no quiera admitir ese calificativo.
     El folleto termina considerando si León XIV es verdadero papa o un impostor antipapa, etc. pero afirma que eso no es importante para la Fraternidad. No me extraña que les traiga al fresco la legitimidad de León XIV ya que lo sea o no harán lo que les dé la gana. A mí tampoco me preocupa el grado de legitimidad de los dirigentes de las iglesias nacionales creadas al aire de la rebelión protestante o de las diversas ramas islámicas y del budismo: no pienso hacer caso a ninguno, me son ajenos. El no importarles en que manos está el gobierno de la Iglesia Católica es una muestra más de lo fuera que están los de la Fraternidad.
     El cardenal Müller ha manifestado su temor de que la FSSPX acabe siguiendo caminos como los veterocatólicos y otros grupos. Los veterocatólicos, muy pretendidamente puros en su catolicismo al principio, han degenerado y se han dividido hasta entrar en comunión con el anglicanismo, aceptar el sacerdocio femenino o el matrimonio de personas del mismo sexo. Es de temer que la Fraternidad, sarmiento separado de la vid, pueda ir dividiéndose y sus fragmentos ir adoptando diversos errores. «Comer y rascar, todo es empezar.»

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